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El discurso del estado de la unión promete un drama político épico

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El discurso anual del estado de la unión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está a punto de ofrecer el tipo de drama de horario estelar que su equivalente deportivo, un aburrido Super Bowl, no tuvo.

La representación que se desarrollará en la Cámara de Representantes el martes resumirá un momento turbulento en la historia de Estados Unidos, resonará con egos políticos chocantes y dibujará una escena de grandes divisiones nacionales y un acelerado cambio demográfico.

Dominando el centro de atención, donde le encanta estar, estará un presidente que cree que es tratado injustamente, pero que su obstinación por la gloria personal a menudo enajena a todos menos a sus seguidores más leales y hace que el reconocimiento que él anhela sea cada vez más elusivo.

Mirando por encima del hombro de Trump, literal y metafóricamente, estará la nueva presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, quien está utilizando el músculo investigador de su mayoría demócrata para complicar la vida política del presidente y frenar su poder.

Ese hostil grupo demócrata mirará directamente a Trump mientras pronuncia su discurso, privándolo de la adoración que recibe de las multitudes de fanáticos del “Make America Great Again” (Hacer a Estados Unidos grande otra vez) en los mítines de campaña.

El poder transformador de las elecciones intermedias se escribirá en los rostros de la mayoría más diversa de la historia en términos de raza y género, mientras que la mitad republicana de la cámara parecerá mayoritariamente blanca, masculina y de mediana edad.

Los demócratas subrayarán el comparativo al elegir a la estrella en ascenso de Georgia, Stacey Abrams, quien por poco fue elegida como la primera gobernadora negra de cualquier estado, para entregar su respuesta del estado de la unión.

Y mirando a Trump desde la Cámara de Representantes estarán los aspirantes a la candidatura presidencial demócrata para 2020, incluidos los senadores Kamala Harris, Cory Booker y Kirsten Gillibrand, sin duda soñando con ocupar pronto su lugar en el podio.

Casa Blanca: “Escuchen el mensaje, no al hombre”


Sus asesores dicen que Trump respetará, de forma inusual, la tradición en su discurso y llamará a la unidad como lo hicieron sus predecesores en el siglo desde que la costumbre de dar el discurso del estado de la nión en persona fuera revivida por el presidente Woodrow Wilson.

Llamará a “poner fin a la política de la resistencia y el castigo”, dijo el lunes a la prensa su consejera Kellyanne Conway. Ella dijo que la gente debería “escuchar el mensaje, no siempre mirar al mensajero”.

Ahí radica la batalla constante de Trump. Él más que nadie es el maestro de la política de la retribución y sus intentos de asumir la carga del liderazgo nacional a menudo se han visto socavados por su carácter explosivo y su retórica.

La evocación de Trump de una misión común en Estados Unidos podría olvidarse fácilmente si se desliza en su abrasadora retórica sobre la inmigración.

Aunque sea sincero sobre trabajar con los demócratas para reducir el costo de los medicamentos de prescripción o reparar la infraestructura, unas pocas frases agudas sobre el muro fronterizo podrían ser lo único que la mayoría recuerde.

“A veces él es su peor enemigo”, dijo Aaron Kall, director de debate de la Universidad de Michigan, quien editó el libro “The State of the Union Is . “.

“Lo vimos en el discurso inaugural, con la frase ‘masacre estadounidense’. Después (de eso), fue conocido como el discurso de la masacre estadounidense y todo el enfoque se puso en cuán oscuro y sombrío fue el tono”, dijo Kall.

Aún así, la aparición de Trump es una oportunidad dorada para pasar una hora sin filtros con el pueblo estadounidense en momentos en que su presidencia se ve amenazada por la investigación sobre Rusia y cuando la mayoría de los votantes se oponen a él.

El presidente insiste en que tiene una gran historia que contar. Dijo en una entrevista con CBS News que está haciendo “el mejor trabajo de cualquier presidente, en la historia de nuestro país, durante los primeros dos años”.

Y nadie, ni siquiera presidentes en tiempos de auge como Bill Clinton y Ronald Reagan tuvieron un récord de creación de empleos para promover en un discurso del estado de la unión que coincida con el de Trump, incluso si los críticos cuestionan la creciente desigualdad.

Hay buenas razones para suponer que Trump no debería hablar más que de una economía que generó un estimado de 304.000 empleos la semana pasada.

Pero en otros asuntos, las victorias consideradas por Trump y sus seguidores como sus principales logros alienan a otros votantes. Esto es especialmente cierto en cuanto al muro fronterizo que tiene un significado casi místico en el mundo de Trump y es visto como una afrenta inmoral a los valores estadounidenses por parte de los opositores.

El plan fiscal de Trump es el gran éxito legislativo de su presidencia, pero para los demócratas es una gran ofrenda para los ricos. La agitación en Washington deleita a los fanáticos de Trump, pero para todos los demás es un caos total. Y al destacar su mayor triunfo del año pasado, la aprobación de su elegido Brett Kavanaugh como juez de la Suprema Corte, Trump relanzará tóxicas divisiones.

La polarización que limitará el poder del llamado de Trump a la unidad fue visible en la última encuesta de CNN publicada el lunes.

Trump llega al discurso del estado de la unión en su tercer año de mandato con la calificación de aprobación más baja de cualquier presidente de los últimos 60 años aparte de Reagan, aunque este tuvo un triunfo aplastante al año siguiente.

La gran pregunta, una constante en su presidencia, es si Trump buscará hablarle a los escépticos o si priorizará al 40% de partidarios devotos en la encuesta de CNN que abrazan su cruzada contra la élite.

La angustia por el cierre del gobierno persiste

Trump llegará al Capitolio en un momento difícil. Hace apenas una semana, su capitulación puso fin a un cierre del gobierno que él mismo activó para obtener fondos para su muro. A menos que los demócratas cedan, un nuevo cierre podría comenzar en 10 días, o Trump podría encender la conflagración constitucional más grave de su presidencia al declarar una emergencia nacional para construir el muro.

Encapsulando la caja de inmigración hecha por el propio Trump, un asombroso 78% de los republicanos conservadores cree que Trump debería cerrar el gobierno nuevamente para obtener fondos para el muro, aunque el cierre fue un desastre político para él.

Dado que ella enfureció a Trump al posponer el estado de la unión durante el cierre de gobierno, el lenguaje corporal y las maniobras entre Trump y Pelosi serán fascinantes.

Quizás el presidente, en una actitud unificadora, ofrezca a Pelosi una rama de olivo a pesar de calificarla de “muy mala para nuestro país” en una entrevista durante el Super Bowl.

¿O tratará de aumentar la presión política sobre ella ofreciendo una concesión? Él podría, tal vez, ofrecer un camino a la ciudadanía para los beneficiarios de DACA, algo que los demócratas realmente quieren, lo que podría impulsar un llamado por fondos para el muro en retribución. Pero, independientemente de lo que Trump diga, tendrá un impacto en las negociaciones del Congreso sobre inmigración destinadas a evitar otro cierre.

“Si quiere subrayar el bipartidismo y mirar hacia el próximo año, podría hablar sobre cuestiones más amplias de la reforma migratoria”, dijo Theresa Cardinal Brown, del Centro de Políticas Bipartidistas.

“El problema con la inmigración ha sido que él propone algunas ideas que posiblemente podrían tener apoyo bipartidista y luego pone algunas cosas sobre la mesa que simplemente no serán factibles en el otro bando”, dijo.

Las posibles píldoras venenosas incluyen los cambios propuestos por Trump a las visas familiares y de diversidad y los cambios a la ley de asilo.

Un funcionario de la Casa Blanca dijo que los asistentes esperaban que el presidente pudiera usar el discurso para presentarse ante los estadounidenses como el “adulto en la mesa” después del embrollo del cierre, por lo que no será demasiado partidista.

El fiscal especial que no debe ser nombrado

El fiscal especial Robert Mueller.

Trump se enfrenta a la delicada tarea de lidiar con la nube que se posa sobre él en la forma de la investigación del fiscal especial Robert Mueller que algunos demócratas creen que podría llevar a un juicio político.

Se le aconsejaría replicar la actitud del presidente Bill Clinton después de su juicio político y antes de su juicio en el Senado cuando no mencionó el elefante en la sala durante su discurso sobre el estado de la unión en 1999.

Es improbable que Trump adopte el enfoque del presidente Richard Nixon en 1974 cuando pidió que finalizaran las investigaciones contra él, con la en última instancia inútil declaración: “Un año de Watergate es suficiente”.

Los discursos sobre el estado de la unión son típicamente largas listas de propuestas para acciones del gobierno y declaraciones de objetivos de política exterior destinados a ser escuchados por los enemigos y amigos de Estados Unidos en todo el mundo.

Cualquier agenda de la Casa Blanca probablemente estaría muerta al llegar a la Cámara de Representantes liderada por Pelosi.

Pero se espera que Trump establezca compromisos potenciales en cuestiones como los precios de los medicamentos de prescripción y el clásico programa que todo el mundo apoya pero nunca se concreta: reparar la infraestructura.

En cuanto a política exterior, las agresivas medidas del presidente sobre Venezuela e Irán probablemente encabezarán esa parte del discurso. También puede haber indicios de progreso en las conversaciones para atemperar una guerra comercial con China. Trump también podría confirmar que Vietnam será el anfitrión de su segunda cumbre con Kim Jong Un, líder de Corea del Norte.

Pamela Brown y Sarah Westwood de CNN contribuyeron con esta historia


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